jueves, 6 de diciembre de 2012

Gracias...


Cepilló sus dientes. Una gota de agua cayó en su dedo gordo del pie derecho. Eso la obligó a mirar hacia abajo; se quedó largo rato mirándose los dedos de los pies. El esmalte despintado le trajo recuerdos, le recordó a su abuela. Una tana coqueta que, cuando era chica siempre le pedía que le esmaltara las uñas para ir a misa.

 Ella sabía que los sábados era tarea programada pasar por lo de la abuela, y mientras tomaban unos matecitos, le pintaba las uñas. Cómo la extrañó cuando se fue!.  La abuela era una de esas personas que no tenían que estar en éste mundo, una especie de ángel que se equivocó de lugar y vino a caer acá… Su lugar siempre fue el cielo.

Para la abuela no había maldad, ayudaba a todos sin excepción. Recordó la anécdota de unos vendedores ambulantes, que siempre pasaban y tocaban el timbre. Después de la muerte de la abuela pasaron a vender sus quesos como siempre, cuando les dijeron que había fallecido se pusieron a llorar como dos niños. Toda la familia se quedó cuestionándose, cómo podía pasar algo así… De repente, pensó. Qué bueno tener a la abuela acá, en este momento en que me siento tan sola… Me vendrían bien los matecitos hartos de edulcorante que cebaba (creo que de cualquier otra persona no hubiese aceptado un mate así jamás en la vida, pero eran de ella!).

En los momentos más tristes que le había tocado vivir, ella siempre recordaba los ojos de su abuela, esos ojos de un celeste muy profundo, muy tranquilizador, llenos de fuerza y llenos de paz a la vez. No había lugar en el mundo que la tranquilizara más que esa mirada. Qué laburadora era la tana!. Que luchadora!. Creo que la parte de luchadora la había heredado perfectamente, era el empuje para salir adelante, para seguir peleando día a día.
Colocó el cepillo en la tacita del baño. Limpió la lágrima que se había escapado de su mirada marrón; luego se miró al espejo y como alentándose a sí misma, infló el pecho con una larga bocanada de aire y salió a pelearla, una vez más.

Gracias abuela!. Gracias otra vez…  

lunes, 3 de diciembre de 2012

Sin Titulo


  Le diste las cartas al Destino, dejándole el juego al Azar. Repartiste un par para el Olvido y te olvidaste del Amor, algunas le tocaron al Recuerdo que recordó lo que era el Odio, y tuvo que recordarse  asimismo.
Siempre pensaste que era difícil pensar que jugada seguía, hasta que se convirtió en rutina y terminaste pensando que lo difícil era no pensar, porque la rutina te iba a llevar a la sinrazón de entender demasiado el juego… que en realidad no querías entender, porque iba a dejar de ser divertido para convertirse en algo serio. 

Tomaste las cartas y se las tiraste en la cara a la Tristeza porque te inundo la mesa de lágrimas y te impedía continuar, y te pusiste a charlar con la Apatía sin saber a donde te iban a conducir las palabras; porque el Odio te había llevado al Resentimiento y de ahí es difícil escapar.

Hasta que te cansaste de tomarte la vida como un juego eterno; nunca creíste que ibas a llegar hasta acá… ¿nunca?... ¿hasta donde?...
Y entonces llego el momento en que todo carece de sentido, y nada importa demasiado…¿nada?..

lunes, 24 de septiembre de 2012

EL OLVIDO


El tiempo de alejarme me lastima una vez más, abrazame un rato…que no quiero enterarme que esta noche va a pasar, quiero hacer un pacto. Seguro vos encuentres quien te quiera de verdad, pero NO ME OLVIDES… Esa letra se caía de la boca de Abel, y a mí se me ocurrió (más allá de que es una letra indudablemente hermosa) qué tan importante es para nosotros los seres humanos quedar para siempre en el recuerdo del Otro. Al alejarnos de alguien, duele más esa inminente posibilidad de quedar en el olvido, que el mero hecho de alejarnos.

 El miedo a ser olvidados, a dejar de ser importantes para el otro, pesa mucho más que cualquier otra sensación, solo que muchas veces disfrazamos ese sentimiento de


amor y lo llamamos “corazón roto”.
 Duele más pensar en que ese Otro seguirá viviendo muy a pesar de nosotros, seguirá su vida cotidiana sin nosotros, y eso molesta… 

Pasa en las relaciones de distintos tipos, en las amistades que se rompen, en las relaciones amorosas y hasta les pasa a nuestros padres cuando nos vamos de casa (el famoso “nido vacío”), no sufren porque nos vayamos del hogar, sufren más porque piensan que nos vamos a olvidar de ellos. Y porque ya no los vamos a necesitar más… Y acá viene otra cuestión importante, la de que siempre queremos ser necesarios e imprescindibles: “¿Qué van a hacer sin mí?”; todos esperamos a nuestro regreso que alguien nos diga, “te extrañé”, “no te vayas más”, “la empresa fue un desastre sin vos”. Enloquecemos cuando caemos en la cuenta de qué nadie es imprescindible, ni en el trabajo, ni en las relaciones amorosas.

¡Pero a no tener miedo!, la realidad es que uno no se olvida nunca del Otro, y lo mismo que nos pasa a nosotros le pasa a cualquier Otro que haya formado parte de nuestras vidas, siempre somos responsables de haber sumado un granito de arena en la cabecita de algún Otro, y viviremos por siempre en su recuerdo, tanto como ellos en los nuestros.  

domingo, 1 de julio de 2012

La Caída de Un Angel


Cayó un ángel. Era un 21 de Junio. Y un ángel resbaló, se deslizó por entre las nubes grises que cubrían el cielo. No pudo controlar la caída. Simplemente cayó. Algún que otro pájaro rió de él. El ángel los miro, sin entender. Le habían hablado muchas veces de la vida de abajo. Pero nunca había tenido la oportunidad de pisar tierra.

Estaba nublado, las nubes eran grises (¿lo recuerdan, no?). El ángel buscó algo que ponerse, arriba no necesitan ocultar su desnudez, no tienen vergüenza de su propio cuerpo. Sus alas habían desaparecido, como les desaparecen las colas a las sirenas cuando salen del mar. Ahora el ángel era un simple mortal… Caminó una cuadras, miró a su alrededor, estaba en un callejón, en pleno Buenos Aires, miró todo con atención, tratando de estudiar cada milímetro de espacio. Se escuchaban ruidos extraños, eran los autos que pasaban a pocas cuadras de allí, por una avenida. Siguió caminando, un olor nauseabundo lo invadió, no sabía qué era exactamente (es que arriba no existe ese tipo de olor); estaba caminando cerca de una pila de basura. Era todo raro, pero no tenía miedo, solo curiosidad.

Un ángel cayó, y esa noche llovió más que nunca sobre Buenos Aires. El ángel vagó por sus calles desorientado, buscando algún signo que le dijera que estaba en el lugar correcto... Lagrimas cayeron de sus ojos al ver tantos niños buscando comida entre la basura, hurgando en busca de algún pan viejo con sus manitos negras de suciedad , prendidos a bolsitas de plástico para olvidar el frío y el hambre, para engañar a la mente, para no pensar en las necesidades del cuerpo.

Unas cuadras más tarde se cruzó otro grupo de niños jugando a la pelota, se reían, se divertían, que gran contradicción!, pensó. Y es que ya no estaba en el cielo, ahora estaba en el suelo, en Buenos Aires, ciudad de contradicciones, de alegrías y tristezas contínuas, de desesperanza y de gente de Fe!, gente que lucha y gente que se deja vencer. Entonces el ángel lo entendió, la contradicción está en la esencia misma de SER HUMANO. Arriba en cambio, todo es siempre igual… Pero el ángel comprendió, que solo al haber conocido la tristeza, le damos el valor que se merece a la alegría, a los buenos momentos.

jueves, 17 de mayo de 2012

La Ciencia: ¿El Nuevo Dios?


De a ratos se me da por leer explicaciones científicas a las diferentes acciones y reacciones humanas. Noté en eso que nos pasamos la vida buscando explicar no solo nuestra fisiología, nuestro metabolismo, sino también lo que sentimos. No sé a ustedes, pero para mí es bastante preocupante, porque una de las cosas mágicas que conlleva el SER HUMANO es sentir, más allá de la Razón, bien recordaremos la frase “el corazón tiene razones que la propia razón no entiende”.

Pero más allá de esta magia que se pierde, me pregunto también ¿estaremos buscando un nuevo Dios en quién depositar todas nuestras responsabilidades?. Es decir, ¿No será demasiado cómodo terminar diciendo “sentí odio porque hay una hormona que se activa y me hace sentir así”? O, “Me enamoré porque ese hombre despide tal o cuál feromona y me hace sentir de tal o cual manera”, o “Me estresé porque las neuronas actúan de forma tal que…”. Esto es a mí entender casi tan ridículo y chistoso como tenebroso a la vez.

"El problema del hombre no está en la bomba atómica
Sino en su corazón"
A. Einstein

¿Por qué ridículo y chistoso?, porque no deja de ser una maniobra más de muchos para desligarse de lo que sienten, me causa gracia que muchos crean tanto en éstas teorías como para negarse a sentir lo que sienten o a pensar lo que piensan, y además depositen toda esa carga emocional en alguna explicación científica.

¿Por qué tenebroso?, porque imagino que el fin de éstos descubrimientos no es otro que el de pretender controlar lo que sentimos, ergo sacarnos esa HUMANIDAD que tan especiales nos hace, convertirnos en robots. Imagino en éste punto una de esas sociedades futuristas en las que nadie es dueño de lo que piensa, una especie de Matrix, donde creemos que comemos algo rico, pero en realidad el gusto no es más que un INPUT de una máquina que nos controla, donde creemos que nos enamoramos, que odiamos, que sentimos tristeza, apatía, orgullo, nostalgia, melancolía, desazón, frustración, etc, etc, etc.

¡No está mal sentir todo eso! ¡Somos Humanos! ¡Y yo estoy orgullosa de serlo! Me enamoré mil veces, me enojé tantas otras, soy una tana que se enoja por nada, soy una blanda que se le pianta el lagrimón hasta con el programa ese que construyen casas y se las regalan a la gente (patético ya lo sé…), disfruto de una buena melodía, de una buena película, siento nervios frente a una examen (aunque no parezca), me da miedo caminar sola por las calles de eleven (aunque me haga la fuerte), dos por tres me ataca la melancolía y me pongo a recordar los domingos en familia numerosa que ya no están, y me voy a volver a enamorar, y a enojar y voy a volver a sentir esas cosas mil y una veces. Porque soy yo, porque soy HUMANA, porque soy MUJER y porque NO QUIERO controlar eso, si lo hiciera Sres. Y Sras. ¡CHAU MAGIA!.

Creo en la psicología, creo en la ciencia, ¡Dios bendiga a ambas! (aunque no creo demasiado en Dios, je!). Pero creo también que se tienden a cruzar los cables de muchos investigadores e intelectuales a la hora de definir, cuál es el fin de todas esas teorizaciones. Yo pensaba que el fin, era ayudarnos a tener una mejor calidad de vida, pero dejando a su vez que esa vida mantenga sus ondas, sus asperezas, sus condimentos (esos condimentos que le agrega el relacionamiento diario entre las personas); no pensé jamás que el fin, era el de transformar esa vida, en algo chato, totalmente previsible y controlable. Me niego a pensar en un fin tal, quizás esté pecando de ingenua, pero resulta que quiero permitirme serlo, no necesito controlar hasta mi propia ingenuidad.  

domingo, 13 de mayo de 2012

UTOPIA DE LIBERTAD


Subida al árbol de la esperanza,
Bajada de la nube de la libertad,
[...]He llegado a la línea donde cesa
la nostalgia,
y la gota de llanto se transforma
alabastro de espíritu.[...]
Federico García Lorca
"La sombra de mi alma"
Mojando mis manos en el agua,
De las lágrimas que lloró tu alma
No hace tanto tiempo atrás.

Buscando la sana locura,
Me muevo entre los obstáculos,
Que impiden felicidad.

La sala esta vacía  para muchos,
Para mí está llena de cuadros,
Que suicidan el tiempo,
Desvaneciendo relojes
De la nada superficial.

Juguemos a ser felices,
Volvamos a la nube,
Sequemos nuestras manos,
Pulvericemos la tristeza
(Como en un cuadro de Dalí).

domingo, 6 de mayo de 2012

LA ETICIDAD A LA INVERSA : cieguitas y felices


Que el ser humano es un bicho raro, ya lo sabemos. Y de hecho, creo que eso ha alimentado mucho a este blog (después de todo, sería bastante aburrido si así no lo fuera). Pero dentro de la especie humana, estamos nosotras las mujeres, dentro de cuyo género, hay algunas más raras aún. ¡No se me enojen chicas! Ya les paso a decir a qué me refiero con esto.

Resulta que ayer, hablando con una amiga, y una amiga de esa amiga, las anécdotas tanto propias como ajenas empezaron a fluir. Las historias eran diversas, pero todas convergían en lo mismo: “¡cuando la mujer NO quiere VER, no hay caso, NO-VE!”. Pongamos en claro la cosa, así me entienden…
"La mujer rota es la victima estupefacta de la vida
que ella misma eligió"
Simone De Beauvoir "La Mujer Rota"

Historia Nº 1: a una mujer el marido le dice que se va a jugar al fútbol todos los días a las 6 de la mañana, porque “la canchita que los muchachos alquilan está abierta a esa hora”. La mujer le cree. El hombre sigue con su engaño yendo a “jugar al fútbol” todas la mañanas (apelo a la inteligencia de los lectores de éste blog porque realmente no me surgen las ganas de explicar de qué se trata “jugar al fútbol” en éste caso).

Historia Nº 2: la chica descubre que su novio consume cocaína. Aclaremos, su novio en realidad está casado y tiene hijos. Pero lo grave para la chica, no es que el tipo engañe a la mujer desde hace años, lo grave es que se drogue. Pregunta: ¿Tengo que explicarle a los lectores del blog que es mejor joderse a uno mismo consumiendo cocaína que joderle la vida a tu mujer y a tu hijo???. Vuelvo a apelar a su inteligencia.

Historia Nº 3: esta sí que es buena. Llamémosla “el jodido encubierto”. El chico era el defensor de las mujeres, la voz feminista que siempre defendía a sus amigas y les decía que la mayoría de los tipos eran unos jodidos (menos él of course). Un tiempo más tarde, empieza a salir con una de esas amigas, le hace el cuento del novio, luego desaparece, le dice a ella que está encerrado en su casa porque “está desganado” y finalmente, la chica se entera por Facebook (conocidísima red social que todo el mundo ve!) que él “tiene una relación” (sin palabras).

Historia Nº 4: el chico es un seductor nato, tiene la palabra exacta para la chica exacta, de hecho tiene una capacidad enorme para captar datos de los perfiles de Facebook. A la chica le gusta leer a Borges (tiene una foto de Borges entre las de sus álbumes de Facebook), entonces obviamente ¡a él le gusta Borges!, a ella le gusta el rock (porque se lo publica cada tanto en su muro) y obviamente ¡a él también! ¡Cuánta coincidencia! Tanta es su capacidad para leer perfiles de Facebook, que el tipo sostiene varias historias similares por esa misma red social, y mientras tanto mujer e hijo esperando en casa. Pero la historia no termina ahí, alguna lo descubre y le canta unas cuantas verdades (también por Facebook). A lo que su mujer le dice: “amor yo te creo a vos”. Conclusión: la ceguera a la vigésima potencia.  

La cantidad de historias que son de similares contenidos son tantas como mujeres somos en éste mundo, no es muy difícil ver ahora a dónde apunto hoy con ésta publicación. Vemos, lo que queremos ver. Tenemos la eticidad desviada, está mal lo que hacen otros pero no lo que hago yo, está mal que el tipo se drogue, pero no que abandone a su mujer para irse con otra, está mal que etc, etc, etc. Me parece que el problema, es mucho más profundo que un simple enamoramiento, creo que hay cosas que por comodidad, conveniencia, miedo, o tan solo por no querer estar solas, nos negamos a ver. Y el resultado de ésta ceguera, es que en definitiva las mujeres terminamos siendo las principales responsables de esto que nos pasa, porque somos nosotras las que hacemos que el acto de los hombres resulte impune. Mal que nos pese, el monstruo existe porque nosotras lo alimentamos. Y después pasamos nuestras vidas quejándonos de que así sea…


 Dice Simone de Beauvoir acerca de “La Mujer Rota”: “Me siento solidaria de las mujeres que han asumido su vida y que luchan por lograr sus objetivos; pero eso no me impide, al contrario, interesarme por aquellas que, de un modo u otro, han fracasado y, en general, por esa parte de fracaso que hay en toda existencia”. 

domingo, 8 de abril de 2012

"LAS FLORES"


Era domingo. La lluvia había apaciguado el calor del verano, una leve brisa corría por entre las hojas de los árboles. Afuera de la casa, el olorcito a jazmín inundaba el aire.
Miriam despertó esa mañana con mucha sed, se dirigió hacia la heladera Siam que había heredado de su abuela, pensando en tomar agua fresca directo de la botella. En el camino vio una canasta de frutas que había dejado Juan la tarde anterior. Juan era el lanchero que repartía la fruta por las casitas de la isla, pasaba dos veces por semana, y Miriam lo esperaba en la punta del muelle para recibir la fruta fresca.

Bebió el agua, andaba descalza y con un vestidito de flores rosas y celestes, le quedaba precioso; era el vestido que le había regalado su papá un tiempo antes de fallecer. Ese vestido tenía un significado muy especial para ella, cada vez que se lo ponía, se sentía distinta, como si su papá la estuviera protegiendo, podía sentir sus brazos rodeándola por completo.
 De pasada, agarró un durazno de la canasta, sintió su olor, lo mordió y sintió como su boca se inundaba de dulzura, una dulzura muy particular, muy de verano. Se sentó en un sillón de mimbre que estaba en el porchecito de “Las Flores”-así se llamaba la casita de la isla, donde cada muelle tiene un cartel con su nombre- pensó un rato largo, mientras degustaba su durazno, en cómo iba a seguir su historia. Es que Miriam hacía meses se había recluido en la casita de la isla con la necesidad de alejarse del mundo, de la ciudad y del ruido de los autos, para poder terminar su novela. No era la primera que escribía, pero sí era muy especial. Era la que le había llevado años terminar, la que representaba varias etapas de su vida, desde su primer amor, pasando por el nacimiento de sus sobrinos, y culminando en la muerte de su padre.

Ella se había prometido a sí misma, que no tardaría mucho en concluir esa historia; porque al hacerlo, estaría concluyendo con otra gran etapa, sería señal de que estaba dejando atrás los recuerdos, las nostalgias, los amores y desamores que la habían marcado, las experiencias tanto buenas como malas que la habían forjado como mujer, que la habían convertido en lo que era hoy… Era hora de dejarlo ir, era hora de dejar ir a todo eso y de mirar adelante.

Entró a la casa, subió los tres escalones que dividían la cocina del living, se sentó al escritorio, encendió la computadora y comenzó a escribir. La historia concluiría hoy… 

lunes, 12 de marzo de 2012

El Misterio de Lo Femenino


No sé si lo causó el olor a lavanda en el aire, el día de lluvia que todo lo puso gris, o qué fue exactamente. Pero mientras cortaba la verdura para la sopa de los lunes las lágrimas empezaron a salir de sus ojos, tan grises como el cielo de esa mañana. Caro empezó a recordar, no podía frenar a su mente, el aire se impregnó de melancolía y no paraban de salir gruesísimas lágrimas, las más saladas que jamás había probado.

Será que en su momento se hizo la fuerte... ¡Claro!, siendo la mayor de 4 hermanos no podía mostrarse frágil ante el mundo… Y de tanto cuidar al resto, se olvidó del detalle de cuidarse a sí misma. Esas cosas que nos pasan a las mujeres cuando el instinto de protección materno se apodera de nosotras y ya no hay vuelta atrás, pese a quedar aniquiladas nosotras mismas, damos lo que sea por proteger al prójimo.


Su cabeza la llevó a otro tiempo, a otro lugar, y se le dio por recordar a su primer amor. Ese hombre con el que había soñado concretar su maternidad, ese a quién había designado el padre de sus hijos, aquel que le había roto el corazón más de una vez, y que también había sido signo de sus mayores alegrías… es que Caro ahora estaba sola, había dedicado su vida a una carrera, a cuidar de sus hermanos después de la muerte de sus padres, y se había dedicado a la casa y a las tareas del hogar. ¡Que duro había sido el camino hasta ahí!, sin ayuda de nadie, cuidando siempre de los demás, pero sin nadie que la cuide, que la proteja en esos momentos en los que la tristeza la invadía.

Es raro describir lo que pasa en la mente femenina cuando eso ocurre, yo sé que un hombre no podría entenderlo jamás, hay quienes dedican toda su vida a estudiar la mente, el funcionamiento del cerebro, las emociones que en él habitan, pero no han podido entender jamás qué siente una mujer cuando de repente se pone triste, y a continuación de repente se nos pasa... El sexo opuesto nos trata de locas, de histéricas, le echan la culpa a la menstruación, nos catalogan de “el sexo débil”, y a cada tropezón, nos levantamos más fuertes que nunca. Pero la realidad es que todas estas etiquetas parten de una gran impotencia de no saber qué nos sucede, de una gran ignorancia acerca de “Lo Femenino”. Y lamento decirles a los lectores hombres que nunca lo sabrán.

Y ahí estaba Caro, totalmente vulnerable a todo, pensando y repasando gran parte de su vida, queriendo reflexionar acerca de qué había hecho bien, o qué había hecho mal para que llegado este punto, estuviera tan sola. Tenía todo, había hecho de todo, gracias a ella la familia se había consolidado más que nunca, aún en la ausencia de sus padres, aún en circunstancias críticas. Sin embargo, algo faltaba; y sin eso el vacío era ineludible…

Pero había que seguir, ¡porque era la mayor! Así que limpió sus lágrimas con el delantal, respiró profundo, se dijo a sí misma que no era momento de flaquear, y siguió con sus quehaceres.

¿Será que atrás de cada sonrisa femenina se esconden un sinfín de tristezas?. Así somos, limpiamos nuestras lágrimas con un delantal y seguimos adelante… He ahí hombres, el gran secreto que ocultamos, no sé de dónde sale la voluntad que nos rige, no sé de qué se agarra la fortaleza, pero seguimos adelante, siempre. 

domingo, 4 de marzo de 2012

NOSTALGIAS


Bs. As., varios años después... 
   
Dejamos que la noche hiciera de las suyas. El tiempo nos pegó en la cara varios años después,  para decirnos crudamente que nos equivocamos, que no es así, que solo fuimos un par de pendejos que no midieron consecuencias… pero nadie nos entendió, nadie entendería jamás excepto nosotros, que con solo mirarnos escalábamos hasta el cielo subiendo despacito, levitando en el denso aire de la habitación de un alejado hotelucho, a escondidas del mundo. ¡Y miranos ahora!; cada uno en la suya…

 A mí me falta una partecita del alma, se quedó en tus bolsillos, se quedó esa noche cuando nos despedimos con pocas palabras y con muchas miradas. Vos seguías mis pasos cuando yo me bajaba del auto y caminaba limpiándome las lágrimas, creí que ahí se terminada mi vida, creí que se acababa el mundo, pero sin embargo sobreviví. Yo sí, vos no… vos vas muriendo cada día más.  
 Yo por mi parte lamento haber perdido la ingenuidad tan pronto, lamento haberlo dado todo, esperando recibir al menos una cuarta parte de lo que daba, esperando que me cuides, me protejas y hagas todo eso que se supone que un enamorado debe hacer por su amada. Mi problema fue que siempre esperé sin pedir, al menos aprendí eso, aprendí a reclamar lo que quiero, lo que necesito y por sobre todo lo que merezco, y me alegro de ya no vivir más en el silencio.

En el pueblo todo sigue igual, y la rutina le seca la imaginación a la gente, ya no se animan a soñar. Vos desististe de tus sueños hace ya muchísimo tiempo, yo esperaba ser la que te ayudara a soñar, pero no me daba cuenta de que eso era lo que yo quería, supongo que cuando uno ama se pone egoísta, y pretende de alguna manera hacer que el otro piense como uno, que sienta como uno, y que dé lo que uno mismo da. Yo no me di cuenta de que si vos no dabas, era porque no querías, porque de alguna manera no me necesitabas, solo necesitaste algunos momentos de mí. Y yo lo permití. ¡Pero juro que aprendí!. Creo que en definitiva, aunque parezca muy novelesco, sin sufrimiento no hay progreso. Yo sobreviví, y hoy te miro no ya con rencor, sino con nostalgia y hasta en el fondo un poco de pena. Porque en definitiva yo sigo soñando, y vos nunca te animaste a hacerlo. La rutina del pueblo hizo estragos en tu vida, y olvidaste que vivir es algo más que eso que te dedicaste a hacer, te veo cada tanto levantando las persianas del negocito y veo cómo te pesa la rutina, cómo te pesa la vida. Me pregunto a mí misma si hubiese podido con eso, y la respuesta es un NO rotundo.

Te dejo en tu vida, sentado en mi nostalgia y te regalo el pedacito de alma que me robaste, esperando que te sirva de una vez para iluminar un poco tus noches.

Hasta siempre.

Ana. 

domingo, 22 de enero de 2012

El Arte de Echar Culpas

Así es, “todo un arte”. El ser humano ya no sabe de qué manera argumentar su posición a la hora de echar culpas al otro. Hay quienes no ponen mucho esfuerzo y son poco creíbles, pero también están los que se empeñan muchísimo y citan argumentos intelectuales complicadísimos, de historia, economía, psicología de todos los tipos y tamaños. ¡Todo sea por no asumir la responsabilidad!.
 Nos negamos a elegir, dejamos que lo hagan los otros, y después viene la queja interminable porque no nos gustó el resultado!. Creo a todo esto que la mayor miseria del ser humano consiste justamente en el no animarse a elegir, creo que si no elegimos, perdemos automáticamente los derechos a protestar sobre el resultado, a mí me puede ir mal mil veces en la vida, me puedo equivocar muchísimo, pero si ni siquiera hago el intento, si no me arriesgo, entonces cómo sabré qué habría pasado????. 

Sartre decía en “El existencialismo es un humanismo”, que el ser humano está obligado a existir, a SER humano, y consecuentemente también está obligado a elegir. Pero una vez hecho esto, con la elección viene la responsabilidad, responsabilidad de mi propia elección y responsabilidad de mi existencia en este mundo, y de la existencia del Otro.
 Hay que asumir así, que no estamos solos y que nuestras acciones pueden afectar al resto, que pueden modificar la vida de ese OTRO que nos rodea. Hay un pasaje muy bueno en ese mismo escrito (que en realidad parte de una conferencia “Respuesta a la pregunta por si el existencialismo es un humanismo”, lo cual dicho sea de paso no necesita estar respondiéndose) en donde un joven se acerca a Sartre y le pregunta cómo resolver un dilema sobre si responder al llamado de la patria e ir a la guerra dejando a su madre sola y desamparada, o bien quedarse ayudando a su madre e ignorar el llamado de la patria. A lo cual Sartre le contesta que desde el momento en que él eligió consultar esto con alguien como Sartre ya sabía cuál sería la respuesta; porque el consejero podría haber sido cualquier otro, pero no lo fue… Fíjense hasta qué punto lleva el tema de la responsabilidad de la elección!. Y está muy bueno que haya caído en éste pasaje, dicho sea de paso, porque se me viene a la cabeza cuántas veces nos encontramos a nosotros mismos diciendo, “yo mandé ese mail porque el jefe me lo pidió”, o “tomé esa decisión porque una amiga me lo aconsejó”. ¡Qué fácil es caer en el arte de echar culpas!!.
La culpa siempre es más fácil de sobrellevar si pesa sobre la espalda de otro, me lavo las manos, pateo la pelota para otro lado y yo me quedo tranquila.
Pero a mí de todos los argumentos que la gente plantea para sentirse menos culpables e que más me llama la atención es el tema de LA CULPA DEL ESTADO, no hay nada que me moleste más que escuchar a la gente diciendo “todo es culpa del Estado”. Pregunta: ¿Quién es el Sr. O Sra. Estado?, por favor tráiganmelo que me quiero sentar a charlar con él o ella (según sea el caso), eso sí vamos a necesitar muchas sillas para sentarnos a hablar, porque ¡el Estado somos todos Sres. Y Sras! Entonces, por clara deducción cada vez que intenten echarle la culpa al Estado, piensen que lo estamos construyendo entre todos, aprendamos a asumir las responsabilidades en lo que hacemos cotidianamente, en nuestras acciones diarias por más chiquititas que sean, pongámonos en movimiento en lugar de esperar sentados a que esa fuerza invisible a la que llamamos Estado se mueva por nosotros, dejemos de esperar el milagro eterno. Finalmente: ¡hagámonos responsables!