lunes, 12 de marzo de 2012

El Misterio de Lo Femenino


No sé si lo causó el olor a lavanda en el aire, el día de lluvia que todo lo puso gris, o qué fue exactamente. Pero mientras cortaba la verdura para la sopa de los lunes las lágrimas empezaron a salir de sus ojos, tan grises como el cielo de esa mañana. Caro empezó a recordar, no podía frenar a su mente, el aire se impregnó de melancolía y no paraban de salir gruesísimas lágrimas, las más saladas que jamás había probado.

Será que en su momento se hizo la fuerte... ¡Claro!, siendo la mayor de 4 hermanos no podía mostrarse frágil ante el mundo… Y de tanto cuidar al resto, se olvidó del detalle de cuidarse a sí misma. Esas cosas que nos pasan a las mujeres cuando el instinto de protección materno se apodera de nosotras y ya no hay vuelta atrás, pese a quedar aniquiladas nosotras mismas, damos lo que sea por proteger al prójimo.


Su cabeza la llevó a otro tiempo, a otro lugar, y se le dio por recordar a su primer amor. Ese hombre con el que había soñado concretar su maternidad, ese a quién había designado el padre de sus hijos, aquel que le había roto el corazón más de una vez, y que también había sido signo de sus mayores alegrías… es que Caro ahora estaba sola, había dedicado su vida a una carrera, a cuidar de sus hermanos después de la muerte de sus padres, y se había dedicado a la casa y a las tareas del hogar. ¡Que duro había sido el camino hasta ahí!, sin ayuda de nadie, cuidando siempre de los demás, pero sin nadie que la cuide, que la proteja en esos momentos en los que la tristeza la invadía.

Es raro describir lo que pasa en la mente femenina cuando eso ocurre, yo sé que un hombre no podría entenderlo jamás, hay quienes dedican toda su vida a estudiar la mente, el funcionamiento del cerebro, las emociones que en él habitan, pero no han podido entender jamás qué siente una mujer cuando de repente se pone triste, y a continuación de repente se nos pasa... El sexo opuesto nos trata de locas, de histéricas, le echan la culpa a la menstruación, nos catalogan de “el sexo débil”, y a cada tropezón, nos levantamos más fuertes que nunca. Pero la realidad es que todas estas etiquetas parten de una gran impotencia de no saber qué nos sucede, de una gran ignorancia acerca de “Lo Femenino”. Y lamento decirles a los lectores hombres que nunca lo sabrán.

Y ahí estaba Caro, totalmente vulnerable a todo, pensando y repasando gran parte de su vida, queriendo reflexionar acerca de qué había hecho bien, o qué había hecho mal para que llegado este punto, estuviera tan sola. Tenía todo, había hecho de todo, gracias a ella la familia se había consolidado más que nunca, aún en la ausencia de sus padres, aún en circunstancias críticas. Sin embargo, algo faltaba; y sin eso el vacío era ineludible…

Pero había que seguir, ¡porque era la mayor! Así que limpió sus lágrimas con el delantal, respiró profundo, se dijo a sí misma que no era momento de flaquear, y siguió con sus quehaceres.

¿Será que atrás de cada sonrisa femenina se esconden un sinfín de tristezas?. Así somos, limpiamos nuestras lágrimas con un delantal y seguimos adelante… He ahí hombres, el gran secreto que ocultamos, no sé de dónde sale la voluntad que nos rige, no sé de qué se agarra la fortaleza, pero seguimos adelante, siempre. 

domingo, 4 de marzo de 2012

NOSTALGIAS


Bs. As., varios años después... 
   
Dejamos que la noche hiciera de las suyas. El tiempo nos pegó en la cara varios años después,  para decirnos crudamente que nos equivocamos, que no es así, que solo fuimos un par de pendejos que no midieron consecuencias… pero nadie nos entendió, nadie entendería jamás excepto nosotros, que con solo mirarnos escalábamos hasta el cielo subiendo despacito, levitando en el denso aire de la habitación de un alejado hotelucho, a escondidas del mundo. ¡Y miranos ahora!; cada uno en la suya…

 A mí me falta una partecita del alma, se quedó en tus bolsillos, se quedó esa noche cuando nos despedimos con pocas palabras y con muchas miradas. Vos seguías mis pasos cuando yo me bajaba del auto y caminaba limpiándome las lágrimas, creí que ahí se terminada mi vida, creí que se acababa el mundo, pero sin embargo sobreviví. Yo sí, vos no… vos vas muriendo cada día más.  
 Yo por mi parte lamento haber perdido la ingenuidad tan pronto, lamento haberlo dado todo, esperando recibir al menos una cuarta parte de lo que daba, esperando que me cuides, me protejas y hagas todo eso que se supone que un enamorado debe hacer por su amada. Mi problema fue que siempre esperé sin pedir, al menos aprendí eso, aprendí a reclamar lo que quiero, lo que necesito y por sobre todo lo que merezco, y me alegro de ya no vivir más en el silencio.

En el pueblo todo sigue igual, y la rutina le seca la imaginación a la gente, ya no se animan a soñar. Vos desististe de tus sueños hace ya muchísimo tiempo, yo esperaba ser la que te ayudara a soñar, pero no me daba cuenta de que eso era lo que yo quería, supongo que cuando uno ama se pone egoísta, y pretende de alguna manera hacer que el otro piense como uno, que sienta como uno, y que dé lo que uno mismo da. Yo no me di cuenta de que si vos no dabas, era porque no querías, porque de alguna manera no me necesitabas, solo necesitaste algunos momentos de mí. Y yo lo permití. ¡Pero juro que aprendí!. Creo que en definitiva, aunque parezca muy novelesco, sin sufrimiento no hay progreso. Yo sobreviví, y hoy te miro no ya con rencor, sino con nostalgia y hasta en el fondo un poco de pena. Porque en definitiva yo sigo soñando, y vos nunca te animaste a hacerlo. La rutina del pueblo hizo estragos en tu vida, y olvidaste que vivir es algo más que eso que te dedicaste a hacer, te veo cada tanto levantando las persianas del negocito y veo cómo te pesa la rutina, cómo te pesa la vida. Me pregunto a mí misma si hubiese podido con eso, y la respuesta es un NO rotundo.

Te dejo en tu vida, sentado en mi nostalgia y te regalo el pedacito de alma que me robaste, esperando que te sirva de una vez para iluminar un poco tus noches.

Hasta siempre.

Ana.