De a ratos se me da por leer explicaciones científicas a
las diferentes acciones y reacciones humanas. Noté en eso que nos pasamos la
vida buscando explicar no solo nuestra fisiología, nuestro metabolismo, sino
también lo que sentimos. No sé a ustedes, pero para mí es bastante preocupante,
porque una de las cosas mágicas que conlleva el SER HUMANO es sentir, más allá
de la Razón, bien recordaremos la frase “el corazón tiene razones que la propia
razón no entiende”.
Pero más allá de esta magia que se pierde, me pregunto
también ¿estaremos buscando un nuevo Dios en quién depositar todas nuestras responsabilidades?.
Es decir, ¿No será demasiado cómodo terminar diciendo “sentí odio porque hay
una hormona que se activa y me hace sentir así”? O, “Me enamoré porque ese
hombre despide tal o cuál feromona y me hace sentir de tal o cual manera”, o “Me
estresé porque las neuronas actúan de forma tal que…”. Esto es a mí entender
casi tan ridículo y chistoso como tenebroso a la vez.
¿Por qué ridículo y chistoso?, porque no deja de ser una
maniobra más de muchos para desligarse de lo que sienten, me causa gracia que
muchos crean tanto en éstas teorías como para negarse a sentir lo que sienten o
a pensar lo que piensan, y además depositen toda esa carga emocional en alguna
explicación científica.
¿Por qué tenebroso?, porque imagino que el fin de éstos
descubrimientos no es otro que el de pretender controlar lo que sentimos, ergo
sacarnos esa HUMANIDAD que tan especiales nos hace, convertirnos en robots.
Imagino en éste punto una de esas sociedades futuristas en las que nadie es
dueño de lo que piensa, una especie de Matrix, donde creemos que comemos algo
rico, pero en realidad el gusto no es más que un INPUT de una máquina que nos
controla, donde creemos que nos enamoramos, que odiamos, que sentimos tristeza,
apatía, orgullo, nostalgia, melancolía, desazón, frustración, etc, etc, etc.
¡No está mal sentir todo eso! ¡Somos Humanos! ¡Y yo estoy
orgullosa de serlo! Me enamoré mil veces, me enojé tantas otras, soy una tana
que se enoja por nada, soy una blanda que se le pianta el lagrimón hasta con el
programa ese que construyen casas y se las regalan a la gente (patético ya lo
sé…), disfruto de una buena melodía, de una buena película, siento nervios
frente a una examen (aunque no parezca), me da miedo caminar sola por las
calles de eleven (aunque me haga la fuerte), dos por tres me ataca la melancolía
y me pongo a recordar los domingos en familia numerosa que ya no están, y me
voy a volver a enamorar, y a enojar y voy a volver a sentir esas cosas mil y
una veces. Porque soy yo, porque soy HUMANA, porque soy MUJER y porque NO
QUIERO controlar eso, si lo hiciera Sres. Y Sras. ¡CHAU MAGIA!.
Creo en la psicología, creo en la ciencia, ¡Dios bendiga
a ambas! (aunque no creo demasiado en Dios, je!). Pero creo también que se
tienden a cruzar los cables de muchos investigadores e intelectuales a la hora
de definir, cuál es el fin de todas esas teorizaciones. Yo pensaba que el fin,
era ayudarnos a tener una mejor calidad de vida, pero dejando a su vez que esa
vida mantenga sus ondas, sus asperezas, sus condimentos (esos condimentos que
le agrega el relacionamiento diario entre las personas); no pensé jamás que el
fin, era el de transformar esa vida, en algo chato, totalmente previsible y
controlable. Me niego a pensar en un fin tal, quizás esté pecando de ingenua,
pero resulta que quiero permitirme serlo, no necesito controlar hasta mi propia
ingenuidad.


