jueves, 6 de diciembre de 2012

Gracias...


Cepilló sus dientes. Una gota de agua cayó en su dedo gordo del pie derecho. Eso la obligó a mirar hacia abajo; se quedó largo rato mirándose los dedos de los pies. El esmalte despintado le trajo recuerdos, le recordó a su abuela. Una tana coqueta que, cuando era chica siempre le pedía que le esmaltara las uñas para ir a misa.

 Ella sabía que los sábados era tarea programada pasar por lo de la abuela, y mientras tomaban unos matecitos, le pintaba las uñas. Cómo la extrañó cuando se fue!.  La abuela era una de esas personas que no tenían que estar en éste mundo, una especie de ángel que se equivocó de lugar y vino a caer acá… Su lugar siempre fue el cielo.

Para la abuela no había maldad, ayudaba a todos sin excepción. Recordó la anécdota de unos vendedores ambulantes, que siempre pasaban y tocaban el timbre. Después de la muerte de la abuela pasaron a vender sus quesos como siempre, cuando les dijeron que había fallecido se pusieron a llorar como dos niños. Toda la familia se quedó cuestionándose, cómo podía pasar algo así… De repente, pensó. Qué bueno tener a la abuela acá, en este momento en que me siento tan sola… Me vendrían bien los matecitos hartos de edulcorante que cebaba (creo que de cualquier otra persona no hubiese aceptado un mate así jamás en la vida, pero eran de ella!).

En los momentos más tristes que le había tocado vivir, ella siempre recordaba los ojos de su abuela, esos ojos de un celeste muy profundo, muy tranquilizador, llenos de fuerza y llenos de paz a la vez. No había lugar en el mundo que la tranquilizara más que esa mirada. Qué laburadora era la tana!. Que luchadora!. Creo que la parte de luchadora la había heredado perfectamente, era el empuje para salir adelante, para seguir peleando día a día.
Colocó el cepillo en la tacita del baño. Limpió la lágrima que se había escapado de su mirada marrón; luego se miró al espejo y como alentándose a sí misma, infló el pecho con una larga bocanada de aire y salió a pelearla, una vez más.

Gracias abuela!. Gracias otra vez…  

lunes, 3 de diciembre de 2012

Sin Titulo


  Le diste las cartas al Destino, dejándole el juego al Azar. Repartiste un par para el Olvido y te olvidaste del Amor, algunas le tocaron al Recuerdo que recordó lo que era el Odio, y tuvo que recordarse  asimismo.
Siempre pensaste que era difícil pensar que jugada seguía, hasta que se convirtió en rutina y terminaste pensando que lo difícil era no pensar, porque la rutina te iba a llevar a la sinrazón de entender demasiado el juego… que en realidad no querías entender, porque iba a dejar de ser divertido para convertirse en algo serio. 

Tomaste las cartas y se las tiraste en la cara a la Tristeza porque te inundo la mesa de lágrimas y te impedía continuar, y te pusiste a charlar con la Apatía sin saber a donde te iban a conducir las palabras; porque el Odio te había llevado al Resentimiento y de ahí es difícil escapar.

Hasta que te cansaste de tomarte la vida como un juego eterno; nunca creíste que ibas a llegar hasta acá… ¿nunca?... ¿hasta donde?...
Y entonces llego el momento en que todo carece de sentido, y nada importa demasiado…¿nada?..