martes, 25 de octubre de 2011

¿Matamos a Nuestros Héroes?

Quizás la pregunta crucial en lugar de ésta sería, ¿matamos a nuestros líderes? La historia está plagada de líderes que aportaron muchísimo a la humanidad, pero acabaron destruidos por la misma sociedad por la que ellos se habían jugado enteros en cuerpo y alma. Personas que han dedicado décadas a pensar de qué manera podrían ayudar o aportar algo para mejorar la calidad de vida de los demás. Un claro ejemplo de ello es Favaloro, un líder como pocos, un héroe, ¿cuántas vidas habrá salvado con su invento del Bypass? ¿A cuanta gente sin ningún recurso económico habrá acogido en la Fundación? Desde sus comienzos como médico rural se dedicó a atender pacientes en un pueblito de La Pampa (Jacinto Aráuz); pueblito remoto olvidado por todos, excepto por Favaloro. Se perfeccionó en la Clevenland Clinic en EE. UU., creo el Bypass; pero no se durmió en los laureles, ni en los homenajes, ni en los premios recibidos. Retornó a la Patria, a SU Argentina, creó la Fundación sin fines de lucro. Pero las puertas comenzaron a cerrarse, no era negocio para los sindicatos ni para las obras sociales de aquella época un tipo que no quería cobrar. Parece obvio lo que digo, pero a veces hay que recordarlo. Pronto esa Patria que el tanto anhelaba le dio la espalda. Y la única salida, el suicidio.
"Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene
su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar".
(fragmento de la carta de suicidio de R. Favaloro)
Entonces me pregunto, ¿qué hacemos nosotros al respecto?. Favaloro intentó hasta el hartazgo que alguien lo ayudara, envió decenas de cartas pidiendo ayuda económica. Pero nadie oyó. Después de su muerte hasta se llegó a publicar en los diarios, que el Dr. Había tenido problemas con las drogas, y muchos lo creyeron. Ya no importaba todo lo bueno que había hecho por la gente durante tantos años, solo importaba el “chusmerio” de turno. En vida, llegaron a decir que él ya no operaba, para que los pacientes no concurran en su ayuda, para limitarlo aún más. Lo vencieron. Lo vencimos nosotros con nuestra indiferencia, creyendo cualquier infamia. Arrojamos a un hombre íntegro, honesto, a nuestro héroe, a las fieras, y ya era tarde para arrepentirse.
Y después, viene el asunto del merecimiento, ¿nos merecemos a un héroe de tal envergadura?, ¿Por qué decidimos creer injurias acerca de alguien que nos hizo tanto bien? ¿Carecemos de sentido común para discernir tal infamia? ¿O padecemos de una idiotez extrema?
Hace unos días charlando con un amigo le comenté mis ganas de dedicarme al Proyect Management, automáticamente me dijo, no lo hagas! Vas a ser el fusible del equipo! ¿Esa es la idea que tenemos de quienes lideran los proyectos?... Claro! Con razón hay tan pocos líderes, con razón ya no aparecen héroes, si total después de dedicarle toda la vida a un proyecto, sea el proyecto de la Fundación sin fines de lucro para Favaloro o cualquier otro proyecto, solo se trata de “el fusible”, “el desechable”. Y así, ¿quién se va a animar?.    

lunes, 3 de octubre de 2011

MUCHA CRITICA, POCA IDEA...

“El periodista que se muere por tocar”, dijo Ricardo Mollo en una de sus canciones. Y sí, aunque parezca mentira vivimos rodeados de críticos que carecen demasiado de argumentos. Está el crítico deportivo, que nunca pateó una pelota, el crítico de música, que nunca supo lo que es sostener un instrumento en sus manos (y que además canta horrible),el crítico de cine, que como cualquier idiota tiene acceso a una tele y ni siquiera necesita leer demasiado y poner mucho esfuerzo, te cuenta toda la película antes de que la mires y al final la remata diciendo: “el final era malo”, “le doy 2 estrellas". Hasta el crítico de cocina que todavía no aprendió que el agua y el aceite ¡no-van-juntos!...Y por supuesto el mejor de todos, el crítico literario, al que nunca, pero nunca se le ocurrió ni una sola idea para escribir ALGO, aunque sea algo chiquitito, algún parrafito, alguna prosa, ALGO. 
Y a esos sí que hay que aguantarlos, porque se despachan de teorías de otros (Grandes teorías dicho sea de paso) como si elaborar una teoría, o elaborar una idea fuera como si Marx se hubiese levantado una mañana y hubiese dicho, ¿Hoy que hago? ¿Escribo El Manifiesto Comunista o me tomo un café con leche? O lo que es peor, se despachan teorías complejísimas que la verdad uno no termina nunca de entender (porque humilde y sinceramente ES así) y te dicen en alguna columna de algún diario “y bueno lo que pasa con Heidegger es que él describe al Ser en función de su relación con el nazismo”, o que “Freud era un adicto a la cocaína que no quería a su mamá” (como si cualquier persona que consuma cocaína pudiera elaborar una teoría tan exquisita como la del Psicoanálisis, si así fuera ¿saben todas las que habría?)…
Yo me pregunto qué pasa que hay tan pocas ideas y tantas, pero tantas críticas. Por qué nosotros como lectores de esos críticos no ponemos un freno y simplemente dejamos de consumir sus notas y sus tristes expresiones carentes de conocimiento.
 ¿Por qué no transformarnos en críticos y protestantes de la crítica destructiva e infundada? ¿Por qué seguir soportando que nos den el molde para acomodarnos adentro? ¡No dejemos que los críticos piensen por nosotros!
Creo que generar ideas es señal de progreso, de avance, de cambio, de racionalidad y de muchas otras cosas más, que nos hacen mirar para adelante, si nos quedamos en la crítica destructiva, en lugar de optar por mejorar lo que nos parece que está mal o erróneo, estamos siempre en el mismo lugar. Yo aprendí en la vida a localizar el conflicto y pensar una solución. Porque si nos quedamos en el conflicto permanente, la queja también es permanente, y el malestar agotador; una verdadera ancla que nos arrastra con todo su peso hacia algo demasiado poco productivo.  No nos quedemos criticando porque no nos sale hacer otra cosa. Algo o alguien nos doto de un cerebro con varias funciones, entre ellas la creatividad. Lejos de quedarnos en el conformismo de lo dado, elijamos siempre dar como respuesta un “No me gustó la película, pero que bueno que haya alguien que se anime a hacerla”, practiquemos este estilo de vida y llevémoslo a los diferentes ámbitos que nos rodean, sin quejas, sin malestares y con la satisfacción de que ya que uno no se anima a tocar, por lo menos alguien lo hace por nosotros.