domingo, 22 de enero de 2012

El Arte de Echar Culpas

Así es, “todo un arte”. El ser humano ya no sabe de qué manera argumentar su posición a la hora de echar culpas al otro. Hay quienes no ponen mucho esfuerzo y son poco creíbles, pero también están los que se empeñan muchísimo y citan argumentos intelectuales complicadísimos, de historia, economía, psicología de todos los tipos y tamaños. ¡Todo sea por no asumir la responsabilidad!.
 Nos negamos a elegir, dejamos que lo hagan los otros, y después viene la queja interminable porque no nos gustó el resultado!. Creo a todo esto que la mayor miseria del ser humano consiste justamente en el no animarse a elegir, creo que si no elegimos, perdemos automáticamente los derechos a protestar sobre el resultado, a mí me puede ir mal mil veces en la vida, me puedo equivocar muchísimo, pero si ni siquiera hago el intento, si no me arriesgo, entonces cómo sabré qué habría pasado????. 

Sartre decía en “El existencialismo es un humanismo”, que el ser humano está obligado a existir, a SER humano, y consecuentemente también está obligado a elegir. Pero una vez hecho esto, con la elección viene la responsabilidad, responsabilidad de mi propia elección y responsabilidad de mi existencia en este mundo, y de la existencia del Otro.
 Hay que asumir así, que no estamos solos y que nuestras acciones pueden afectar al resto, que pueden modificar la vida de ese OTRO que nos rodea. Hay un pasaje muy bueno en ese mismo escrito (que en realidad parte de una conferencia “Respuesta a la pregunta por si el existencialismo es un humanismo”, lo cual dicho sea de paso no necesita estar respondiéndose) en donde un joven se acerca a Sartre y le pregunta cómo resolver un dilema sobre si responder al llamado de la patria e ir a la guerra dejando a su madre sola y desamparada, o bien quedarse ayudando a su madre e ignorar el llamado de la patria. A lo cual Sartre le contesta que desde el momento en que él eligió consultar esto con alguien como Sartre ya sabía cuál sería la respuesta; porque el consejero podría haber sido cualquier otro, pero no lo fue… Fíjense hasta qué punto lleva el tema de la responsabilidad de la elección!. Y está muy bueno que haya caído en éste pasaje, dicho sea de paso, porque se me viene a la cabeza cuántas veces nos encontramos a nosotros mismos diciendo, “yo mandé ese mail porque el jefe me lo pidió”, o “tomé esa decisión porque una amiga me lo aconsejó”. ¡Qué fácil es caer en el arte de echar culpas!!.
La culpa siempre es más fácil de sobrellevar si pesa sobre la espalda de otro, me lavo las manos, pateo la pelota para otro lado y yo me quedo tranquila.
Pero a mí de todos los argumentos que la gente plantea para sentirse menos culpables e que más me llama la atención es el tema de LA CULPA DEL ESTADO, no hay nada que me moleste más que escuchar a la gente diciendo “todo es culpa del Estado”. Pregunta: ¿Quién es el Sr. O Sra. Estado?, por favor tráiganmelo que me quiero sentar a charlar con él o ella (según sea el caso), eso sí vamos a necesitar muchas sillas para sentarnos a hablar, porque ¡el Estado somos todos Sres. Y Sras! Entonces, por clara deducción cada vez que intenten echarle la culpa al Estado, piensen que lo estamos construyendo entre todos, aprendamos a asumir las responsabilidades en lo que hacemos cotidianamente, en nuestras acciones diarias por más chiquititas que sean, pongámonos en movimiento en lugar de esperar sentados a que esa fuerza invisible a la que llamamos Estado se mueva por nosotros, dejemos de esperar el milagro eterno. Finalmente: ¡hagámonos responsables!