| "Tan pronto como la mente humana trata de aprehender el ser mismo, éste se le descompone en "ser" "algo", en "esencia" y "existencia"[...]. M. Heidegger "El Ser y el Tiempo" |
Hace poco participé de un proyecto de PNL (Programación Neuro-Lingüística) llamado “Gratitud”, el objetivo del proyecto era más que sencillo, cada día uno tenía que proponerse cosas chiquitas como por ejemplo “¡acordarse de decirle gracias a la gente!”. Increíblemente simple, pero acertadísimo.
Yo, que varias veces he pecado de incrédula, accedí a las pequeñas metas que se nos iban fijando día a día en el proyecto.
¿Saben qué resulto de eso? ¡Una respuesta totalmente positiva de la gente!, y debo admitir que se me cambiaron unas cuantas ideas de lugar.
Pero todo esto me llevó a preguntarme, cuántas veces por estar inmersos en la vorágine de los tiempos modernos, de la rapidez con la que vivimos hoy por hoy (esto que decía Heidegger de olvidarnos de nuestra individualidad, y con ello también cometemos el gran error, de olvidar al OTRO) no recordamos la presencia de los demás.
Somos seres sociales, es verdad, ¡pero ante todo somos seres! Si nos estamos olvidando de quiénes somos, o para qué estamos acá, entonces cómo podemos acordarnos del OTRO.
Esta es la relación eterna entre el ser-en-uno-mismo y ser-en-otro, ¿A qué me refiero con esto?, me refiero a que vivimos en sociedad, y vivimos rodeados de esos otros seres, pero tenemos que darnos cuenta de que no somos un bloque de gente unida, somos individuos que sienten, piensan, y finalmente y ante todo ¡SON!. Pero de tanto ser-en-otros, nos estamos olvidando del SER…
¿Y pensamos que por el simple hecho de vivir en sociedad ya estamos contemplando la presencia/ausencia del otro? , de ninguna manera, las cosas se nos pasan por delante de los ojos y nosotros bicéfalos mortales no somos capaces de darnos cuenta…Pero de pronto alguien nos dice algo tan, pero tan simple como “Gracias”, y nos sentimos descolocados, se nos mueve la estantería. Ahí, en ese preciso momento nos damos cuenta de que tenemos a alguien en frente, alguien que nos considera, que nos toma como importantes, y ¿qué habremos hecho para que nos agradezcan? ¿Quién soy yo para que éste OTRO me diga GRACIAS? Estas son las cosas por las que vale la pena SER, más que PARECER. Y digo esto, porque si bien el PARECER ha cobrado una gran importancia en éste mundo moderno y se ha convertido en la Filosofía de vida que está de “moda”, creo que muchas veces siento que está desplazando al SER; lo cual creo que es un tema que merece la mayor de las atenciones, y que se está tornando grave en cierto modo ¿Cómo puede ser que esto de vivir pareciendo, de vivir siendo-en-otro nos nuble la certeza de saber quiénes somos y qué queremos en realidad. Y después, preocupados nos preguntamos llegando al final de nuestras vidas si pudimos vivirlas acorde a lo que nos gusta, si pudimos SER nosotros mismos. La respuesta es más que obvia. NO.
Nunca pudimos SER, porque estábamos demasiado ocupados PARECIENDO.