miércoles, 29 de junio de 2011

ELLA

Sonó el teléfono, temprano a la mañana, ella saltó de la cama pasando por arriba de todo lo que había a su paso. Cuando logró atender, ya habían cortado. Bueno, ya que estoy me quedo levantada, pensó. Su largo cabello castaño se enredaba con el peine. Frente al espejo realizó que ya se le habían pasado 35 años. Se quedó largo rato estudiando cada surco de su rostro, como si cada huella en él contuviera alguna anécdota, algún recuerdo, alguna experiencia de ésos 35 largos años. Años de búsqueda implacable.
En la cocina, prendió la hornalla, puso la pava. Los matecitos de la mañana, esos pequeños momentos de tranquilidad que no se cambiaban por nada en el mundo. Sentada a la mesa, intentaba imaginar la sonrisa de su madre, el olor a buñuelo de manzana inundando todo el ambiente, y los grandes ojos azules (como los suyos) mirándola con admiración, porque la nena ya tenía 35!... Las charlas de siempre madre e hija, compartiendo unos ricos mates… El ruido de la pava casi a punto de hervir, la sacó de sus pensamientos, siempre se me pasa el agua; pensó ella. Ahora los mates me van a salir horribles, como todos los días. Miró el reloj, tomó dos mates a las apuradas, se vistió, ató su pelo con una cola bien alta, agarró el monedero, las llaves, y salió de la casa.
Afuera la vecina, algo le dijo, pero ella no escuchó. Estaba demasiado apurada como para entretenerse con charlas poco importantes. Pasó por el puesto de flores de la esquina, compró un ramo de margaritas, y se dirigió a la parada del 64.
Al llegar a destino, ella bajó, ahí en Avenida Paseo Colón a metros de San Juan. Cruzó la calle, y bajo el puente, ahí en el monumento al horror, que le recordaba lo bueno que hubiera sido ver la sonrisa de su madre, y lo bueno que hubiera sido sentir el olorcito a buñuelos de manzana en la casa, ella dejó el ramo de flores. Prometiéndose algún día, por fin, encontrar esos recuerdos escondidos en su rostro. 
carla melisa navazzotti

jueves, 16 de junio de 2011

De Chico a Cucaracha

El mandato de nuestros padres puede ser tan determinante para nuestras vidas, que quizás hasta nos olvidemos de vivirlas a nuestra manera. Tal es el caso de Gregorio, el personaje de Kafka en "La Metamorfosis". Un chico que se castiga a si mismo, se siente cucaracha, y se ve como cucaracha...
Kafka, un alienado social, quién vivió toda su vida en torno a su padre, mendigando un poco de cariño, de reconocimiento, sintiéndose feo, fuera de lugar, aislado, se pone a sí mismo en el personaje de Gregorio Samsa; quién a su vez deposita todo su odio en sí mismo, en su cuerpo. Lastimándolo, depositando en él toda la culpa, condenándolo a los mas terribles desprecios, y al peor dolor físico. 
"Dejar de ser uno mismo, para ser en Otro"
Tuvo que llegar "Carta al padre" para que la genialidad de Kafka hiciera más explícita la relación que tenía con su padre. [...]"Querido padre: no hace mucho me preguntaste porqué digo que te tengo miedo...no supe qué contestarte en parte por el miedo que te tengo... siempre me he ocultado de ti en mi habitación, con libros, con amigos alocados, con ideas excéntricas.[...]". 
El otro Kafka (¿o el mismo?) el de "La Metamorfosis", se ocultaba en su habitación; no salía de ella, porque era cucaracha! y porque no podía mostrarse así frente a su familia, sobre todo frente a su padre. En "Carta al padre":[...]" Solo puedes tratar a un niño según te han hecho a ti mismo, con rudeza, gritos y cólera, y en tu caso, este trato te parecía además muy adecuado[...]". El padre de Gregorio, en Metamorfosis, lo llamaba a los gritos, golpeaba su puerta; Gregorio se atrincheraba en su habitación sin responder, ¡cómo iba a salir si era cucaracha!. "[...] Señor Samsa -dijo el principal- ¿qué significa esto?, se ha atrincherado Ud. en su habitación. No contesta mas que sí o que no. Inquieta Ud. gravemente a su padre. [...]".
Al leer éstos relatos, y muchos más de Kafka, uno bien podría preguntarse, como un tipo de tal genialidad puede llegar a sentirse así. ¿Será que ninguno de nosotros escapa al mandato paterno/materno?. Podemos sentirnos realizados en varias oportunidades de nuestras vidas, pero tarde o temprano terminamos tomando el teléfono, marcando el número de mamá/papá para contarles acerca de nuestras decisiones, ya sea para tranquilizar nuestra conciencia, para sentir su aprobación, o simplemente para saber que están ahí. Sin embargo, el caso de Kafka fue sin duda más complejo, la relación con su padre sobrepasan en gran medida los conflictos comunes entre padres e hijos, la figura del padre en sus relatos adquiere un papel distintivo que zurca todos sus relatos, se convierte en el leit motiv para escribir, y es gracias a ello que podemos gozar de la exquisitez de sus escritos. 
"[...]Naturalmente, la cosas no encajan tan bien en la realidad, como las pruebas en mi carta, la vida es algo mas que un rompezabezas que hay que resolver, pero con la corrección que resulta de éste escrito, se ha logrado algo tan proximo a la verdad, que puede tranquilizarnos un poco a ambos y hacernos mas fáciles la vida y la muerte[...]". Así, Franz se despide de su padre, en su carta exculpandolo (quizás) y rematando su relato de manera brillante. Simplemente insuperable.