miércoles, 11 de septiembre de 2013

Simplemente...Compañia

Escuche hace mucho una anécdota en la que alguien (no recuerdo bien quién) contaba cómo el Polaco Gogeneche había conocido a su mujer. Resulta que estaban en un bar (de esos tangueros, imagínense), y el Polaco estaba apoyado en la barra; en eso se le acerca una mujer (para todo esto, imaginen también la cantidad de mujeres que habría ahí…), y le dice: “Yo no seré la mina más linda del mundo, ni la mejor, pero puedo ser una compañera excelente”. Y el Polaco, de entre todas las minas que se le acercaban, la eligió a ella. 
El punto al que voy con ésta anécdota, es que él comprendió el concepto de “pareja”…¿qué es una pareja en definitiva, si no es alguien que va a tu lado?¿Alguien que va emparejado a vos?¿Alguien que te acompaña?. Hoy me quedé pensando en esto bastante tiempo, no por casualidad, sino por varias experiencias, tanto propias como ajenas que me llevan a pensar que ya no tenemos en claro (perdón la palabra) ¿Por qué carajo estamos con quién estamos?¿Por qué elegir a alguien que no nos acompaña?¿Por qué elegir a alguien que por el contrario, a la hora de “ponerle el pecho a las balas sale huyendo”?. Y ojo, ésta también es una autocrítica, no vayan a pensar que yo soy tan superada que nunca me paso!. Pero lo cómico de esto, es que nos seguimos tropezando siempre con la misma piedra, volvemos a elegir mal una, y otra, y otra vez. Vamos de decepción en decepción, porque lo que buscamos en realidad es eso, algo tan liso y llano como un compañero, después me pueden venir también con toda la historia del amor, del sexo y de mil cosas más (coincido, no lo dejo de lado, esas cosas también son importantes); pero hasta qué punto sirve el sexo sin amor, y hasta qué punto sirve el amor si cuando más te necesito te vas… Y Uds. me pueden preguntar ¿Si huye, amaba?. Qué se yo!; no soy experta, pero supongo que los cobardes también se pueden enamorar…

“Almita herida”…Si parece escrita para la ocasión:

Yo te amé un otoño ya lejano
con el fuego azul de mi pasión,
y hoy traigo tu recuerdo de la mano                                           
-crepúsculo lontano-
fantasma de mi corazón.
Ibas caminando hacia el misterio.
Yo salí a su encuentro y te alcancé...
Triste, cruzabas por la vida
y al ver tu almita herida
te acompañé...
Fue un loco amor
el que sentí por ti...
Entre mis brazos te vi
que agonizabas con mis besos.
Cuánto duró
tu amistad y tu amor... no lo sé...
Si fue toda una vida o quizá
un minuto supremo tal vez...
Tan sólo sé
que tuviste el valor de encontrar
el instante oportuno de huir
con mis sueños detrás...
Roberto Goyeneche