domingo, 6 de mayo de 2012

LA ETICIDAD A LA INVERSA : cieguitas y felices


Que el ser humano es un bicho raro, ya lo sabemos. Y de hecho, creo que eso ha alimentado mucho a este blog (después de todo, sería bastante aburrido si así no lo fuera). Pero dentro de la especie humana, estamos nosotras las mujeres, dentro de cuyo género, hay algunas más raras aún. ¡No se me enojen chicas! Ya les paso a decir a qué me refiero con esto.

Resulta que ayer, hablando con una amiga, y una amiga de esa amiga, las anécdotas tanto propias como ajenas empezaron a fluir. Las historias eran diversas, pero todas convergían en lo mismo: “¡cuando la mujer NO quiere VER, no hay caso, NO-VE!”. Pongamos en claro la cosa, así me entienden…
"La mujer rota es la victima estupefacta de la vida
que ella misma eligió"
Simone De Beauvoir "La Mujer Rota"

Historia Nº 1: a una mujer el marido le dice que se va a jugar al fútbol todos los días a las 6 de la mañana, porque “la canchita que los muchachos alquilan está abierta a esa hora”. La mujer le cree. El hombre sigue con su engaño yendo a “jugar al fútbol” todas la mañanas (apelo a la inteligencia de los lectores de éste blog porque realmente no me surgen las ganas de explicar de qué se trata “jugar al fútbol” en éste caso).

Historia Nº 2: la chica descubre que su novio consume cocaína. Aclaremos, su novio en realidad está casado y tiene hijos. Pero lo grave para la chica, no es que el tipo engañe a la mujer desde hace años, lo grave es que se drogue. Pregunta: ¿Tengo que explicarle a los lectores del blog que es mejor joderse a uno mismo consumiendo cocaína que joderle la vida a tu mujer y a tu hijo???. Vuelvo a apelar a su inteligencia.

Historia Nº 3: esta sí que es buena. Llamémosla “el jodido encubierto”. El chico era el defensor de las mujeres, la voz feminista que siempre defendía a sus amigas y les decía que la mayoría de los tipos eran unos jodidos (menos él of course). Un tiempo más tarde, empieza a salir con una de esas amigas, le hace el cuento del novio, luego desaparece, le dice a ella que está encerrado en su casa porque “está desganado” y finalmente, la chica se entera por Facebook (conocidísima red social que todo el mundo ve!) que él “tiene una relación” (sin palabras).

Historia Nº 4: el chico es un seductor nato, tiene la palabra exacta para la chica exacta, de hecho tiene una capacidad enorme para captar datos de los perfiles de Facebook. A la chica le gusta leer a Borges (tiene una foto de Borges entre las de sus álbumes de Facebook), entonces obviamente ¡a él le gusta Borges!, a ella le gusta el rock (porque se lo publica cada tanto en su muro) y obviamente ¡a él también! ¡Cuánta coincidencia! Tanta es su capacidad para leer perfiles de Facebook, que el tipo sostiene varias historias similares por esa misma red social, y mientras tanto mujer e hijo esperando en casa. Pero la historia no termina ahí, alguna lo descubre y le canta unas cuantas verdades (también por Facebook). A lo que su mujer le dice: “amor yo te creo a vos”. Conclusión: la ceguera a la vigésima potencia.  

La cantidad de historias que son de similares contenidos son tantas como mujeres somos en éste mundo, no es muy difícil ver ahora a dónde apunto hoy con ésta publicación. Vemos, lo que queremos ver. Tenemos la eticidad desviada, está mal lo que hacen otros pero no lo que hago yo, está mal que el tipo se drogue, pero no que abandone a su mujer para irse con otra, está mal que etc, etc, etc. Me parece que el problema, es mucho más profundo que un simple enamoramiento, creo que hay cosas que por comodidad, conveniencia, miedo, o tan solo por no querer estar solas, nos negamos a ver. Y el resultado de ésta ceguera, es que en definitiva las mujeres terminamos siendo las principales responsables de esto que nos pasa, porque somos nosotras las que hacemos que el acto de los hombres resulte impune. Mal que nos pese, el monstruo existe porque nosotras lo alimentamos. Y después pasamos nuestras vidas quejándonos de que así sea…


 Dice Simone de Beauvoir acerca de “La Mujer Rota”: “Me siento solidaria de las mujeres que han asumido su vida y que luchan por lograr sus objetivos; pero eso no me impide, al contrario, interesarme por aquellas que, de un modo u otro, han fracasado y, en general, por esa parte de fracaso que hay en toda existencia”. 

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