Cayó un ángel. Era un 21 de Junio. Y un ángel resbaló, se
deslizó por entre las nubes grises que cubrían el cielo. No pudo controlar la
caída. Simplemente cayó. Algún que otro pájaro rió de él. El ángel los miro, sin
entender. Le habían hablado muchas veces de la vida de abajo. Pero nunca había
tenido la oportunidad de pisar tierra.
Estaba nublado, las nubes eran grises (¿lo recuerdan,
no?). El ángel buscó algo que ponerse, arriba no necesitan ocultar su desnudez,
no tienen vergüenza de su propio cuerpo. Sus alas habían desaparecido, como les
desaparecen las colas a las sirenas cuando salen del mar. Ahora el ángel era un
simple mortal… Caminó una cuadras, miró a su alrededor, estaba en un callejón,
en pleno Buenos Aires, miró todo con atención, tratando de estudiar cada
milímetro de espacio. Se escuchaban ruidos extraños, eran los autos que pasaban
a pocas cuadras de allí, por una avenida. Siguió caminando, un olor nauseabundo
lo invadió, no sabía qué era exactamente (es que arriba no existe ese tipo de
olor); estaba caminando cerca de una pila de basura. Era todo raro, pero no
tenía miedo, solo curiosidad.
Un ángel cayó, y esa noche llovió más que nunca sobre
Buenos Aires. El ángel vagó por sus calles desorientado, buscando algún signo
que le dijera que estaba en el lugar correcto... Lagrimas cayeron de sus ojos
al ver tantos niños buscando comida entre la basura, hurgando en busca de algún
pan viejo con sus manitos negras de suciedad , prendidos a bolsitas de plástico
para olvidar el frío y el hambre, para engañar a la mente, para no pensar en
las necesidades del cuerpo.
Unas cuadras más tarde se cruzó otro grupo de niños
jugando a la pelota, se reían, se divertían, que gran contradicción!, pensó. Y
es que ya no estaba en el cielo, ahora estaba en el suelo, en Buenos Aires,
ciudad de contradicciones, de alegrías y tristezas contínuas, de desesperanza y
de gente de Fe!, gente que lucha y gente que se deja vencer. Entonces el ángel
lo entendió, la contradicción está en la esencia misma de SER HUMANO. Arriba en
cambio, todo es siempre igual… Pero el ángel comprendió, que solo al haber
conocido la tristeza, le damos el valor que se merece a la alegría, a los
buenos momentos.

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