Qué tal Sr Pérez, cómo le va. Está bien, no me diga nada, no me diga nada. Ud. ni se imagina por qué motivo estoy yo hoy aquí frente a UD. El motivo es muy simple, y quizás hasta absurdo si se lo piensa fríamente. Pero yo tengo esto que me da vueltas en el estomago hace tiempo ya, y no lo puedo digerir.
Cada vez que salgo de paseo los domingos por la calle principal del pueblo, y lo veo a Ud., ¡Y UD. Sabe que yo lo veo!, ¡Y Ud. me ve a mi también! Yo siento su mirada penetrante, que se me clava en la nuca como con odio, y me traspasa hasta la frente. ¡Y yo sé el porqué de su rencor! Pero permítame decirle, que Ud., no es el único en sentirse extrañado cuando accidentalmente el domingo nos viene a confrontar.
Yo, vine hoy aquí solo con un propósito. Y no es otro que el de aclarar esto de una buena vez. Ud. A mí no me quiere. Y yo sé el porqué, solo que nunca me moleste en mostrarle mi campana hasta este preciso momento; y si ahora me molesto, es porque realmente me harte, colapso mi paciencia, se desvaneció mi temple y el índice de tolerancia en mi Ser, llegó a cero.
Ud. Sr Pérez, hace ya bastante tiempo dejo de salir con una señorita fulana de tal, que decía ser mi amiga, mi compinche y mi todo. Pero tarde o temprano me termine de convencer que pa’ amigas así, no necesita una enemigas. El asunto es, Sr. Pérez, que esta señorita obraba en su vida de maneras muy enmarañadas, viles y despiadadas. Esta señorita, llamémosle, la señorita “aceituna”, (no de las verdes vio. Más bien de las otras, las renegridas y marchitas, de sabor amargo; para hacer una comparación de lo que era por dentro este ser malicioso) resultó ser una gran política, (aunque dudo mucho que alguna vez haya sabido lo que significa dedicarse a la política). Y digo una política, porque hizo uso de una estrategia muy utilizada por los políticos en forma frecuente. Dícese de esta estrategia, la de hacer que el publico o auditorio, en este caso Ud., dirija su mirada enjuiciante hacia el otro, o sea a mí, para distraerlo y así poder hacer de las suyas.
Resumiendo, Sr., ella me ha desprestigiado, porque descalificando a una persona honorable como yo, ya tenía la mitad de la batalla ganada y le quedaba la senda libre pa’ ir y venir a su antojo.
Acá, Sr Pérez, ha habido un doble engaño, un doble perjuicio. Por un lado yo he sido tomada por tonta, por crédula, se ha abusado de mi confianza y de mi buena voluntad y predisposición para la amistad. Y por el otro, ha sido Ud. Engañado también, se ha cometido contra su persona el peor y mas descalificante crimen, que un amante puede cometer contra quien lo ama. A Ud., le han mentido, para luego serle infiel. ¡Y no una, sino dos y hasta tres veces en ocasiones! Así, que en su caso Pérez, se lo tomo por tonto, crédulo y hasta idiota dos veces, o tres o más, depende de la cantidad de clandestinidades que la muy sátira se mandaba hacer. Primero con el asunto de la mentira que me calumniaba, y segundo con el asunto de lo que vulgarmente se lo llama “cuernos” (que le vuelvo a repetir, eran varios).
Pero Ud. Todo esto no lo sabía Sr., porque se lo está enterando ahora, en este preciso momento; y por eso es normal, y hasta comprensible, que Ud. No me quiera. No solo porque se tragó las mentiras de la señorita aceituna (no de las verdes, de las otras, bien negras) sino porque además, me ha culpado a mí, de su ruptura sentimental, pensando que yo en algún momento de esta historieta pude haber influenciado en forma negativa a la señorita aceituna, conduciéndola por el mal camino, por la senda incorrecta.
¡No crea Ud. En ingenuidades Sr Pérez! La inocencia ya no existe a esta altura del partido, y en el caso de aceituna creo que nunca existió. Uno no conoce a la verdadera maldad hasta que se topa con tan vil personaje (y digo personaje, porque dudo en gran medida que llegue a ser persona completa), que se pasa la vida defecando en los demás sin medir daño alguno.
Por eso Sr, es que me he tomado el minucioso trabajo de venir hoy aquí, para reivindicar mi honradez, y decirle que lamento mucho, que tanto Ud. Como yo, nos hayamos topado en la vida con esta miseria humana. Y para contemplar un futuro paseo dominguero, sin cruces ásperos que me hagan sentir incómoda.
Elisa termino de dar su discurso frente al espejo. Guardó su timidez en una cajita imaginaria, y se aprontó para ir a su habitual paseo dominguero.
Carla Melisa Navazzotti

Hoy me tocaba a mi!...Aca les dejo algo de mi autoría. Bien enroscado, pero interesante. Espero les guste.
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