“En un pueblo dónde todos son afeitados por el barbero,
¿Quién afeita al barbero?”. Pasaron años desde que escuche la paradoja del
barbero por primera vez, hasta hoy, día en que comprendí el verdadero
significado; o por lo menos, el que yo le encontré.
Les voy a explicar, porque si no, no creo que entiendan,
es difícil estar en mi cabeza (de hecho, no lo recomiendo). Me gusta cambiar un
poco las palabras, y cambiar la “paradoja del barbero”, por “la paradoja del
controlador”. Veamos cómo queda: “en un lugar dónde todos son controlados por
un controlador, ¿quién controla al controlador?”. ¿Nunca se preguntaron eso?
A veces nos chocamos con personas que se dedican a vigilar, cuán visión panóptica a los demás, y
se acostumbran tanto a su ojo cítrico, al enjuiciamiento de lo ajeno, que
pierden demasiado su visión sobre sí mismos. ¡Que jodido perder la perspectiva
de uno mismo!; esa persona, “el controlador” desde su visión panóptica (esa al estilo
Gran Hermano, vieron?, en dónde una persona mira a todos a través de un vidrio,
cámaras, etc.) de a ratos juega a ser Dios, a ser omnipotente, omnipresente, a
ser quién todo lo juzga, un ser perfecto, desde dónde él lo ve… por supuesto!.
Entonces, cómo les decía, ese momento, en que la persona
pierde la perspectiva de sí misma, es un momento peligroso, es peligroso porque
esa persona que controla, cree que tiene derechos varios por sobre los demás,
cree tener poder, cree ser muy valioso por la posición de controlador que
ocupa. De lo que no se da cuenta el pobre controlador, es que es SOLO una
posición, y que como toda posición, no debe ser confundida con la vida misma,
porque es SOLO una circunstancia en la vida, de la cual de un momento a otro
prescindirá. Y la pregunta que viene ahora es: ¿Qué sucede con alguien que se
creía omnipotente, omnipresente, capaz de juzgar al otro, que se creía Dios
mismo, cuando abandona esa única posición que ocupo durante años?¿Que sucede,
cuando eso que él creía que era su vida entera se desvanece, se desintegra?...
He aquí el problema de ser un controlador descontrolado, resulta que al final
de cuenta era sólo un títere encargado de observar al prójimo, alguien que en
definitiva, olvidó observarse a sí mismo.
Consejo: empecemos por criticarnos a nosotros mismos,
vamos a descubrir un universo entero de errores y aciertos, y SIEMPRE va a
haber puntos de mejora. Ya lo decía el principio Délfico “Conócete a ti mismo,
y conocerás el Universo”.
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